Artesanía Marruecos

Marruecos, un viaje al corazón de la artesanía

Durante una semana tuve la oportunidad de sumergirme en otra cultura totalmente diferente de la mano de un país tan increíble como envolvente: Marruecos. En Chaouen y en Fez descubrimos algunos datos interesantes sobre su tradición artesana. Chaouen, Tetuán, Asilah, Fez y Tánger fueron parte de una ruta increíble donde también conocí un proyecto muy interesante: Morsbags, bagging de guerrilla, que pretende terminar con el problema de las bolsas de plástico, que supone un verdadero quebradero de cabeza para el país vecino.

Marruecos, un viaje a otra época

Dicen que los turistas chinos acompañan sus viajes con una cámara fotográfica para registrarlo todo y no olvidarse de nada. Y así es como se siente también un europeo cuando viaja por primera vez a África. Marruecos es un país de contrastes entre lo nuevo y lo viejo, las tradiciones y la modernidad, la religión musulmana y la reinterpretación del Corán, la monogamia y la poligamia, el velo o no velo, lo visible y lo oculto. Es hermosa y abierta, pero también sucia y canalla.

La parte más al Norte se diferencia de la del interior en su paisaje: húmedo y verde, en zonas como Tánger, Asilah o Chaouen; y ocre y desértico, en Fez, capital intelectual, cultural y religiosa del país. Viajar a Marruecos es como sumergirse en el pasado. Todo es posible,  “Inch´Alá” (si Dios quiere). Sorprenden sus colores, olores y sabores. Sus mercados son primitivos. En los mostradores pueden observarse cabezas de cordero recién degolladas, gallinas vivas en jaulas, piezas de carne despellejadas, colgadas de ganchos, listas para ser adobadas con especias y cocinadas a fuego lento en los fogones de un país para comérselo.

Los marroquíes son enigmáticos, envolventes y misteriosos. Norte y centro del país comparten el carácter amable y abierto de su gente. También sus tradiciones y costumbres. Sus zocos y medinas laberínticas son un verdadero puzzle para el viajero occidental, y el regateo un auténtico tormento. Al contrario que para los europeos, el precio se estima en función de la apariencia, es decir de lo que se supone que estamos dispuestos a pagar. La compra de artículos en Marruecos supone un desafío intelectual entre el vendedor, que utilizará todas sus estratagemas (invitación a degustar un té incluido), y el comprador, que intentará reducir el precio lo máximo posible. En este juego, en esta especie de representación teatral, a veces se gana y otras se pierde. Pero nadie está obligado a comprar. Cada uno tiene el precio que se merece.

Chaouen, el pueblo teñido de añil

Chaouen es un pueblo de montaña, de difícil acceso, teñido de color añil a base de extractos y esencias naturales, que se encuentra en el corazón del Rif. Se fundó en 1471 por los jerifes Abu Yumas el Alami y Mulay Alí Ben Rachid. La vida aquí se mezcla y se diluye con la menta, ingrediente fundamental de su bebida estrella: el té. El tiempo transcurre lento. Su plaza principal, Uta el Hamman, está rodeada de cafés y restaurantes. El clima es cambiante. Pasa de un sol resplandeciente y luminoso a una lluvia torrencial, que puede convertirse en granizo. Las mezquitas cantan hipnóticos sonidos, que te atrapan. El pueblo se conoce rápido. En la medina, la vida es tranquila. A ella se accede por la puerta Bab Onsar. Entre sus laberínticas callejuelas abundan numerosas tiendas de tejidos, diferentes piezas de cuero y zapaterías. Deambulando por sus calles es común observar en el interior de los locales grandes telares que, por lo general, los trabajan hombres.

¿Cómo se hacen las alfombras bereberes?

Los bereberes se llaman a sí mismos “imaziguen“, que significa “hombres libres”. La mayoría de los marroquíes son de origen bereber. La tradición artesana más común procede de esta etnia. El oficio se pasa de padres a hijos. Hombres y mujeres miman las hilaturas y los tejidos para convertirlas en preciosas alfombras y mantas. Las mujeres realizan los trabajos más minuciosos. Aquellos para los que es necesario la paciencia. Los hombres los trabajos más mecánicos.

Para hacer una alfombra se tarda aproximadamente entre 4-5 días, dependiendo de los detalles o bordados que incluyan. Los dibujos se realizan con aguja de madera de cedro. Para hacer una manta se necesitan entre 1,5-2 Kg de hilo tejido. El hilo se fábrica con lana de oveja, pero también con hebras de cactus, que son resistentes incluso al fuego. En cada tejido, las mujeres se expresan con sus agujas e incluyen mensajes simbólicos que hacen referencia a su estado de ánimo, a las tradiciones culturales o a la familia. No hay nada hilado al azar. El zig-zag representa la forma de caminar de los pueblos bereberes y las estructuras cuadradas sus casas, las kasbas.

Arcila Asilah, el pueblo con mar

De la montaña, viajamos hacia la costa Atlántica.

Arcila Asilah es un precioso pueblo de pescadores, ideal para desconectar, cerca del mar. El color predominante de su medina es el azul marino, que contrasta con el blanco impoluto de sus casas. Sus callejuelas huelen a salitre, son estrechas y laberínticas. Asilah incorpora multitud de elementos arquitectónicos de sus antiguos pobladores. A lo largo de su historia fue púnica, romana, fenicia, árabe, portuguesa y española. De Portugal, conserva sus murallas y enseñas ocultas. Y de los españoles, la iglesia de San Bartolomé y el edificio donde actualmente está la medersa, es decir la escuela, probablemente coránica.

Su comida es fresca, como el mar que la abraza. A base de pescados y encurtidos. Otro de los grandes atractivos son sus kilométricas playas, casi solitarias, incluso de difícil acceso, como la de Sidi Mugaits (El Santo). Para llegar a este arenal, hay que descender una montaña por un estrecho y pedregoso camino sin asfaltar, rodeado de campos teñidos de amapola, violetas y margaritas, donde rebaños de ovejas y cabras pastan a sus anchas y se cruzan por el camino. Una vez en la playa sorprende observar pisadas de burro y de tractores sobre su fina arena. Pocos chiringuitos. Poca gente. De vuelta a la ciudad, al final del día, el tiempo se detiene con el ocaso desde el mirador Caraquia.

De Asilah son típicos los zapatos y sandalias de piel o cuero. También es fácil encontrar toallas de playa, cojines bereberes, mantas y talleres de artistas y ebanistas que trabajan y pintan cajas de madera, espejos, estanterías o arcones.

Fez, la ciudad imperial

De Asilah partimos hacia Fez, la ciudad imperial.

Fez fue fundada por Idis I en el año 789. Más tarde llegarían los andalusies, luego los refugiados árabes y artesanos y los almorávides. Su medina es una de las mejor conservadas del mundo árabe y su universidad una de las más antiguas. El transporte de mercancías no se realiza en coche, sino en burro, carruajes y motos. Solo se permite cuatro burros por porteador. Sus callejuelas se pierden en todas las direcciones.

Fez son tres ciudades en una: Fez el Bali, Fez el Jedid y Ville Nouvelle. Fez el Bali es un lugar de una indescriptible belleza, que se extiende hasta perderse en el horizonte. Es una ciudad sumamente embriagadora. El estilo arquitectónico de Fez el Jedid, la zona judía, es totalmente diferente. Los balcones son de madera y miran hacia la calle, al contrario que en Fez el Bali. Ambas zonas están muy cerca, separadas por una increíble zona ajardinada. Fez el Jedid es mucho más tranquila y bastante menos turística. Ville Nouvelle es la parte más moderna. Fue fundada por los franceses en 1920. Mantiene ese halo europeo y da cobijo a los servicios administrativos de la ciudad.

La curtiduría, el templo de la piel

Si viajas a Fez, la curtiduría es de visita obligada, lugar donde se trata y se tiñe la piel. Las características y técnicas de fabricación no han cambiado desde la Edad Media. La piel se trabaja una vez que los animales han muerto en los mataderos. Las pieles proceden de los corderos, las cabras, los dromedarios o las vacas. Una vez en la curtiduría, se cubren con caca de paloma, que es un colorante natural. Pasados 15 días, se aplica el color. Cada color hace referencia a un símbolo de Marruecos: el verde a la menta, el rojo a la amapola, el negro al Khol, el marrón a la madera de cedro y el naranja a la hena.

Morsbags, bagging de guerrilla

Durante prácticamente todo el viaje, me llamó la atención una cosa, y no para bien. Marruecos tiene un verdadero problema con el plástico. Es el segundo consumidor de este material del mundo. Gran parte de sus playas, laderas, caminos están salpicados por restos de este material.

Desde hace unos años se están intentando implantar medidas para prohibir el uso del plástico. Para mi sorpresa, en Fez, en la casa que alquilamos había una máquina de coser que nos invitaba a hacer nuestra propia bolsa de tela para hacer las compras que necesitásemos por la ciudad. El proyecto se llama Morsbags.

Morsbags es una organización sin ánimo de lucro, con sede en Inglaterra. Su objetivo es ayudar a la fauna marina de los peligros de las bolsas de plástico y reducir los residuos textiles de la basura. Hasta la fecha se han fabricado más de 200.000 morsbags y se han distribuido potencialmente la sustitución de más de 73 millones de bolsas de plástico. Para contibuir con mi granito de arena, yo hice la mía propia.

Morsbags, bagging de guerrilla
3 Comentarios
  • Carnen diaz Moreno
    Posted at 20:02h, 24 Mayo Responder

    Precioso reportaje. Enhorabuena Maria

    • María Abalo
      Posted at 09:10h, 26 Mayo Responder

      ¡Gracias, Carmenchu! Un besazo enorme.

  • ¿Tejer es rentable? Las tejedoras mayas se defienden
    Posted at 17:37h, 21 Junio Responder

    […] Una situación que se repite en otros muchos países de tradición artesana, como por ejemplo, Marruecos, país que tuvimos la oportunidad de visitar y observar cómo sus productos se venden a un precio […]

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